El ex Mapu que defendió a la UDI y hoy simboliza el triunfo en La Haya



El agente Claudio Grossman inició su carrera de abogado defendiendo causas de derechos humanos. Y pese a estar ligado a la izquierda chilena, accedió a representar a la UDI cuando el partido pidió a Argentina la extradición del frentista Galvarino Apablaza.
Todos de pie y aplaudiendo. Así recibieron ayer en la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados al agente chileno en La Haya, Claudio Grossman, quien saludó uno a uno a los parlamentarios que integran la instancia.

El jurista fue la principal figura del equipo de abogados que asumió la defensa chilena ante la demanda marítima de Bolivia en la Corte Internacional de Justicia.
Sabe cuatro idiomas, tiene un curriculum vitae de 44 páginas y una extensa trayectoria. Mucho se sabe de sus logros en distintos países del mundo, pero de su pasado en Chile, de su activismo estudiantil y sus cercanías políticas, prácticamente no entrega detalles.

El agente chileno nació bajo el alero de una familia de inmigrantes de origen judío en el Hospital Enrique Deformes en Valparaíso, que funcionó hasta 1987 en el terreno que hoy ocupa el Congreso. A los 15 años ingresó a las juventudes del Partido Radical, donde militaba también el expresidente Ricardo Lagos. Estudió en el Liceo Eduardo de la Barra, donde fue presidente del Centro de Alumnos. También presidió la Federación de Estudiantes Secundarios de Valparaíso.

Luego entró a estudiar derecho en la Universidad de Chile en Valparaíso, pero pidió el traslado a Santiago, donde se apuntó para ser presidente del Centro de Estudiantes de su carrera. Ganó y fue reelegido. Durante esos años, él como su antecesor, Carlos Portales, ya eran militantes del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), movimiento del que le atrajo “la base moral”.

Una vez egresado y con una activa militancia, el Golpe de Estado cambió sus planes. En ese momento Grossman era jefe de gabinete del ministro de la Secretaría General de Gobierno del expresidente Salvador Allende, Fernando Flores.

A sus altos vínculos con el gobierno se sumó otro factor que determinaron sus pasos a seguir: su padre, David Grossman -médico y militante del Partido Radical- fue detenido y torturado en Lebu, Valparaíso. Su madre, en tanto, fue despedida de la universidad donde se desempeñaba como profesora.

“Durante la dictadura militar yo perdí el derecho humano de vivir en Chile”, dijo Grossman en 2015 al diario argentino Clarín.

Él tenía 26 años, su esposa Irene Klinger 20. Llevaban poco más de dos años casados cuando Claudio Grossman dejó el país con rumbo a Holanda a comenzar su exilio.

Quien hizo los contactos para ayudarlo a salir de Chile fue Alberto van Klaveren, conocido abogado y quien llegaría a ser subsecretario de RR.EE. y a trabajar junto a Grossman en el equipo de la defensa marítima. Fue él quien conocía al encargado de negocios de la embajada holandés e hizo el vínculo.

A las 12 de la mañana los militares que custodiaban la embajada iban por un café. Ese era el momento exacto en que Grossman debía entrar para no ser detectado por los uniformados. No estaría el embajador, porque andaba fuera del país, y sería recibido por el contacto de van Klaveren.

Y así lo hizo. Con lo puesto ingresó a la casona y consiguió el exilio. La madre de van Klaveren le llevó sus maletas y durante tres meses esperó en ese lugar antes de poder dejar Chile, país al que solo pudo volver 14 años después.

Su salto internacional
A Holanda Grossman llegó solo. Irene, su esposa, aterrizaría en ese país europeo cuatro meses después. Luego de instalarse, y golpeado con la situación de su país, decidió comenzar a contribuir con la creación del centro de derechos humanos holandés.

En 1974 nació su primera hija, Nienke, y comenzó a complementar su trabajo ligado a la defensa de los DD.HH. con la academia. Tres años después nacería su segunda hija, Sandra. Ambas abogadas, la primera especialista en derecho internacional; la segunda creó una oficina de inmigración y refugiados en EE.UU.

Decidió luego estudiar un doctorado en Derecho en la Universidad de Amsterdam, y escribió su tesis en holandés, con la que consiguió el grado en 1980. Y de ahí en adelante no se alejó del derecho, aunque sí de la política.

Después de diez años en Holanda partió a EE.UU., donde hasta el día de hoy reside su familia. Grossman suele decir, sin embargo, que él vive ahí y en Chile.

En 1995 fue nombrado como decano de la Facultad de Derecho de American University Washington College of Low (WCL), donde un anfiteatro para 500 personas lleva su nombre.
En su trayectoria destaca su participación como miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entre 1993 y 2001, la que lideró en dos ocasiones; su presidencia en el comité contra la Tortura de Naciones Unidas y su nombramiento en la comisión de Derecho Internacional de la ONU.

Muchos también destacan su participación transversal en la defensa de los DD.HH. Incluso, pese a sus vínculos con la izquierda, durante años fue abogado de la UDI ante la CIDH, cuando en 2010 este partido buscaba la extradición desde Argentina de Sergio Galvarino Apablaza por el asesinato de Jaime Guzmán.

Claudio Grossman nunca más volvió a la política chilena, pese a su cercanía con el PPD gracias a la gran amistad que tiene con Sergio Bitar. Explica que a raíz de su exilio su preocupación se circunscribió a la defensa de los derechos humanos y que una vez recuperada la democracia, sus esfuerzos se concentraron en el derecho internacional.

Ahora, luego de un largo periodo enfocado en la demanda en Corte Internacional de Justicia, quiere dedicar tiempo a su familia y a tener tiempo para sus hobbies: leer música y tocar acordeón, instrumento que, dice, aprendió en la casa de una porteña en el Cerro Alegre.

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